Hacía un tiempo que no caminaba las calles de Barcelona con esa tranquilidad que me permite apreciar lo que veo normalmente, pasear cogida de mi cámara, sentir y sentirme. Hacía tiempo que me había perdido entre formalismos, técnicas y deberes... Había abandonado el caos tranquilo que me define, el arte que oxigena mi realidad, la selección inversa de mi ser. Nada tiene sentido y todo puede ser. Ese es el mundo que de vez en cuando me gusta caminar.


